miércoles, 21 de abril de 2010

Selección Fotografías Pesca - Abril

Este mes les toca a ellas, una buena selección de chicas aficionadas a la pesca..  claro que yo nunca me encuentro compañeras así en mis salidas..







Y por ultimo una cervecita, para refrescarnos un poquito...



jueves, 15 de abril de 2010

El mejor lance de vida.... por Luis Valverde Asensio



Recuerdo vívidamente el lance aunque no la fecha, como a final de septiembre o principios de octubre.

¿El lugar?,  lo he olvidado por  motivos ecológicos...

Andábamos mi amigo Sabino y yo rematando la temporada y llegábamos al sereno, todavía con sol y con tiempo como para tomárnoslo con tranquilidad.

No funciona, en cuanto veo el aire calmo de la tarde y las sombras alargadas, las prisas me dominan y ya sólo entiendo de pescar, estar pescando.

Nos separamos, yo busco la sombra temprana y Sabino su lugar preferido donde las truchas cebándose están garantizadas pero saben latín. Es un maestro en eso. Yo me adentro en las corrientes oscuras hasta que veo actividad en la superficie. La misma rutina de mirar, cambiar de mosca, probar distintas alturas en la superficie... hasta que consigo pinchar cuando (esto no se lo contéis a nadie) seco bien una emergente, la dejo derivar hasta el círculo de visión de una trucha localizada y, en ese momento, un golpecito de la caña la hunde justo debajo de la superfice. No es fácil, pero así iba sacando truchas.

Pero algo me falló en la última deriva. Cuando doy el tironcito, la emergente, en lugar de hundirse como Dios manda, se empieza a comportar como un popper y, con un BOP sonoro se queda en la superfice, asustando a todo el personal. No me lo explico. Intento otro tironcito y lo mismo, bop. Hundo la punta de la caña y lo intento de nuevo.

En este momento la mosca estaba a mi altura y casi en la vertical de la caña. Yo me concentraba en ver porqué estaba pasando lo que estaba pasando, así que tarde unas centèsimas de segundo más en comprender el sonido. Era el sonido de un gran pez revolviéndose a unos ocho metros de mi posición. Cuando intento levantar la vista para ver lo que ocurre todo se vuelve surrealista: En un instante y, a cámara lenta, veo un gran remolino, como a ocho metros a través del río, un gran surco de unos cuatro metros en la superficie del agua y un torpedo volando. El torpedo se dirige con la boca abierta hacia la mosca. Yo no sé que esperar pero, al fin, en lo que me pareciò una eternidad y un instante al mismo tiempo, la boca se hunde en el agua tomando mi mosca al mismo tiempo.

Jamás creí que pudiera clavar una picada como esa, pero esta vez funcionó. Montones de linea por todas partes, y el bicho comienza una carrera furiosa río abajo agotando la línea libre y sacando del carrete como si fuera un barbo. Esas truchas bien alimentadas de finales del verano.

La trucha se iba acercando a toda velocidad a una zona muy profunda, pero que las urces y los sauces habían comido en un estrechamiento de las orillas. Pensé que, si pasaba de allí, y pescando con un 5x, la había perdido y todo habría sido un sueño de algo que pudo ser. Y la trucha pasó. Pero no mucho. Por razones que no puedo revelar, se paró.

A esas alturas, y ya curado del espanto, parece que mi cabeza se había adaptado a las circunstancias y la velocidad de los acontecimientos: “No va a seguir, pensé, y va a intentar tirar a su querencia, que está por aquí”. Rápidamente exploro los posibles sitios peligrosos y encuentro que hay una gruesa rama sumergida unos seis metros río abajo en mi orilla. Corro hacia ella.

Ni un segundo de sobra. La trucha viene lanzada, yo recojo línea como loco y, cuando veo que no consigo tensar la línea, comienzo a saltar como un portero de fútbol parando un penalti, y a gritar “sooo, quieta, quieta”. La comedia dura unos segundos hasta que el miedo de la pobre criatura a mí y a lo que la espera más allá la confina a dar vueltas en un circulo de unos cinco metros.

La canso, la capturo y la fotografío.

Espera, eso no, porque me dejé la cámara en el coche.

Pesaba como dos kilos y medio. La devuelvo, parece perfectamente sana y me vuelvo hacia el coche.

Temblando. De camino paso por donde se encontraba Sabino, y le comento:

“He tenido el lance de pesca más increible de mi vida, dejo de pescar hoy y no sé si para siempre, te espero en el coche”.

Luis Valverde Asensio